China considera el espacio exterior y las regiones polares como «nuevas fronteras estratégicas» vitales para su seguridad futura, e invierte en consecuencia.
En 2003, una década después de la humillación del incidente del Yinhe —cuando un buque portacontenedores chino quedó varado durante semanas después de que Estados Unidos interfiriera con su Sistema de Posicionamiento Global (GPS)—, Beijing se propuso eludir la red satelital estadounidense.
Inicialmente, recurrió a la Unión Europea, comprometiéndose a aportar 230 millones de euros (entonces 260 millones de dólares) para unirse al proyecto Galileo, un sistema de navegación por satélite independiente diseñado para reducir la dependencia de Europa del GPS.
Pero la colaboración no perduró. Cuatro años después, China quedó marginada de la participación plena en Galileo debido a las preocupaciones de seguridad europeas y al colapso del modelo de financiación del proyecto, según The New York Times.
China respondió desarrollando su propia red: BeiDou, una constelación de 64 satélites que ahora constituye el sistema de navegación dominante del país y se utiliza para rastrear ubicaciones más de un billón de veces al día.
Este camino de la exclusión a la autonomía refleja una ambición nacional más amplia: la determinación de China de salvaguardar su seguridad nacional dominando tecnologías críticas que antes estaban controladas por otros.
Este objetivo está impulsando a China a expandir rápidamente su presencia en una serie de nuevas fronteras: desde el fondo del océano hasta el Círculo Polar Ártico y el espacio exterior. Pero también está generando nuevas tensiones con Occidente, que observa con recelo las acciones de China.
Las ambiciones de Beijing han aumentado constantemente. En su decimocuarto plan quinquenal, que abarca de 2021 a 2025, China identificó la exploración de aguas profundas y la tecnología aeroespacial como vitales para la seguridad nacional y solicitó proyectos estratégicos y de vanguardia en estas áreas. También propuso la construcción de una «Ruta de la Seda de Hielo» para fortalecer la presencia china en las regiones polares.

