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Trabajadores ensamblan robots en la Superfábrica de Inteligencia Artificial Encarnada LY iTech de Beijing, ubicada en la Ciudad Electrónica de Beijing, en las afueras de la capital china, el 29 de mayo.

La necesidad de una formación en humanidades nunca ha sido tan acuciante, a medida que las fronteras entre las capacidades humanas y las de la IA se difuminan cada vez más

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  • Categoría de la entrada:China
  • Última modificación de la entrada:junio 11, 2026

«¿Qué podremos hacer al graduarnos?». Como profesor de filosofía, preguntas como esta —sobre la empleabilidad— surgen con frecuencia en mis conversaciones con los estudiantes. De hecho, con una tasa de desempleo juvenil en China continental cercana al 17% y una intensa competencia entre quienes buscan empleo, no es de extrañar que la prioridad para muchos —incluso para los graduados de universidades de élite— sea conseguir un trabajo.

La proliferación de la inteligencia artificial (IA) no ha hecho sino agravar estas preocupaciones, y no solo en China. Un estudio de Stanford publicado el año pasado reveló una disminución relativa del 16% en el empleo de nivel inicial en ocupaciones expuestas a la IA en Estados Unidos desde 2022, mientras que el empleo en puestos con experiencia se ha mantenido estable.

Como es comprensible, estos cambios han generado inquietud pública. Durante un reciente discurso de graduación en la Universidad de Arizona, el ex director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, fue abucheado al elogiar el impacto transformador de la IA. Asimismo, un tribunal chino dictaminó recientemente que es ilegal que las empresas despidan empleados alegando que un reemplazo mediante IA sería más económico, aunque la aplicación de la ley es otro asunto.

En un mercado laboral hipercompetitivo, con la desinformación sobre la IA y la incorporación de esta tecnología en múltiples áreas, desde decisiones militares hasta análisis financieros, resulta tentador concluir que los educadores deben priorizar las asignaturas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) y el aprendizaje automático para dotar a los estudiantes del conocimiento y la alfabetización necesarios para su futuro.

Sin embargo, centrarse exclusivamente en las disciplinas STEM es un error. En una era de acelerado progreso y adopción tecnológica, las fronteras entre las capacidades humanas y las de la IA se difuminan cada vez más. Para prosperar, debemos volver a lo esencial que nos hace únicos como seres humanos, en contraposición a las máquinas que realizan tareas.

Aquí es donde entran en juego las humanidades: desde los estudios clásicos y la historia hasta las lenguas y la literatura, desde la sociología y la antropología hasta la filosofía.