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El 11 de marzo, en la sede de Baidu en Beijing, la gente hace cola para instalar OpenClaw, un asistente de IA de código abierto, en sus portátiles.

El furor por el agente de IA OpenClaw demuestra que la langosta se ha escapado de la olla

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  • Categoría de la entrada:China
  • Última modificación de la entrada:marzo 19, 2026

Los agentes de IA representan la próxima frontera en la carrera tecnológica, que se acelera rápidamente a medida que se reduce la distancia entre la curiosidad y la adopción.

Este mes, en China, la gente ha estado haciendo cola en las calles para instalar un programa de IA en sus ordenadores. Algunos habían viajado desde otras ciudades. Otros habían esperado horas a que los técnicos lo configuraran. Incluso se entregaron «certificados de nacimiento» al instalarlo.

El programa es OpenClaw. Su logotipo es una langosta roja. Los internautas chinos rápidamente acuñaron una frase para describir el fenómeno: «criar langostas».

La escena resulta curiosa, incluso divertida. Pero tras el espectáculo se esconde un momento revelador en la carrera global por la IA. Refleja el entusiasmo tecnológico, la estrategia corporativa y los riesgos que acompañan a cada nueva fiebre del oro digital. OpenClaw representa un cambio en la forma en que la inteligencia artificial interactúa con los ordenadores.

Durante años, la mayoría de las herramientas de IA funcionaban como asistentes conversacionales. Se hacía una pregunta y el sistema respondía. Pero los agentes de IA como OpenClaw operan de forma diferente. En lugar de responder preguntas, ejecutan tareas. Con los permisos adecuados, el software puede navegar por internet, organizar archivos, enviar correos electrónicos, analizar datos o ejecutar código en el ordenador del usuario. En teoría, se convierte en un empleado digital que trabaja incansablemente en segundo plano.

El concepto ha cautivado al público. En China, la tecnología ha evolucionado rápidamente de una herramienta de nicho para desarrolladores a una curiosidad de gran consumo.

Las empresas tecnológicas no han perdido el tiempo en aprovechar la oportunidad. Tencent lanzó rápidamente una alternativa llamada WorkBuddy, mientras que ByteDance presentó ArkClaw. Baidu ofrece OpenClaw a través de su ecosistema. Todas prometen una fuerza laboral de IA capaz de gestionar tareas que van desde la gestión de documentos hasta la atención al cliente.

Esta estrategia resulta sorprendentemente familiar para cualquiera que haya seguido la historia de internet. Al principio, el servicio es gratuito, fácil de instalar y se promociona intensamente. Los ingenieros organizan eventos de instalación. Se distribuyen cupones para servicios en la nube. Los créditos de prueba son generosos. El objetivo no es el beneficio inmediato, sino la dependencia. A medida que cada tarea consume tokens y recursos de procesamiento, los usuarios quedan vinculados a la infraestructura subyacente en la nube.

El verdadero producto no es el asistente, sino el hardware que lo impulsa.