En Redmond corre el rumor: la magia aún no llega al día a día.
Para Microsoft, hablar con una IA que crea imágenes y vídeos “al vuelo” debería ser motivo de aplauso. Para buena parte de sus usuarios, la experiencia real no compagina con los anuncios. En medio, Suleyman dispara una pregunta incómoda: ¿Cómo no estar impresionados?.
De DeepMind a Redmond: el fichaje estrella.
Cuando Microsoft proclamó “empresa de IA”, movió el tablero: reestructuración interna, foco total en Copilot, Bing y Edge, y el fichaje de Mustafa Suleyman como CEO de Microsoft AI reportando directo a Satya Nadella.
Un año y medio después, Suleyman está totalmente integrado y con voz propia para responder a críticos y cínicos por igual.
“Me alucina”: el post que encendió la discusión.
Suleyman publicó en X que le sorprende el desinterés hacia la idea de mantener “una conversación fluida con una IA súper inteligente” en el PC. Su anécdota de haber crecido jugando Snake en un Nokia subraya el salto tecnológico y su asombro de que no todos compartan la emoción.
Para Microsoft, la novedad es evidente; para el usuario, la utilidad diaria no tanto.
Expectativa versus realidad: demos brillantes, experiencia áspera.
Mientras Windows Central y otros medios recogen su postura, The Verge publicó una pieza demoledora: Copilot no ejecuta con suavidad muchas de las tareas que sus propios anuncios prometen.
La alimentación contrasta el escepticismo: si la demo vuela y el escritorio tropieza, la narrativa se cae. No basta con impresionar; hay que cumplir en el uso cotidiano.
El “OS-agente” que no convence (de momento).
Las aguas se agitaron cuando Pavan Davuluri, presidente de Windows, habló del salto a un sistema operativo-agente. La reacción fue tan fuerte que en Microsoft cerraron respuestas y publicaron un calmante comunicado.
La percepción externa: obsesión por la IA, prisa por liderar a cualquier precio y poca claridad sobre beneficios tangibles para el usuario común.
¿Por qué Copilot no arranca?.
- Desfase de promesa y producto: los anuncios muestran fluidez; el escritorio entrega fricción.
- Casos de uso difusos: más allá de generar texto o imágenes, ¿qué resuelve mejor que lo existente?.
- Confianza y privacidad: miedo a la telemetría y a la opacidad en cómo se usan los datos.
- Integración desigual: Copilot en Windows, Edge, Office… demasiados puntos de entrada, poca consistencia.
- Fatiga de IA: tras un año de publicidad, el usuario pide valor concreto, no promesas.
Lo que Microsoft necesitaría para encantar (de verdad).
- Ganancias medibles: menos pasos, más velocidad y menos errores en tareas repetidas.
- Fluidez operativa: acciones encadenadas sin romperse (“abre, resume, agenda, comparte”) como en los videos.
- Controles claros: privacidad al frente, con palancas simples y visibles.
- Casos de uso Killer: cosas que hoy no se pueden (o cuesten mucho) sin Copilot.
- Una narrativa honesta: menos “magia” y más humildad hasta que la experiencia esté en la lista.
Entre la ilusión y el “todavía no”.
Suleyman tiene un punto: es increíble poder conversar con un agente que genera tareas multimedia y automática. Pero los usuarios también: quieren que funcione hoy, no en un “próximamente” perpetuo. Si Microsoft logra cerrar la brecha entre demo y escritorio, Copilot puede despegar.
Hasta entonces, la incredulidad seguirá en línea… y Suleyman, alucinado de que no arranque.

