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Expertos piden una mayor cooperación entre China y EE.UU. en materia ecológica para combatir el cambio climático

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  • Categoría de la entrada:Resto del Mundo
  • Última modificación de la entrada:octubre 25, 2026

Los efectos cada vez más intensos del cambio climático observados este verano —desde el deshielo de los glaciares en los Alpes hasta las devastadoras inundaciones en Nepal— ponen de manifiesto la urgencia de una acción global. Ante esta situación, expertos en energías limpias abogan por una cooperación más estrecha entre Estados Unidos y China para hacer frente a la crisis.

Steve Westly, fundador y socio director de Westly Group —una firma de capital riesgo con sede en California especializada en soluciones energéticas y climáticas—, señaló que, para abordar el cambio climático, las dos mayores economías del mundo deben alcanzar un «gran acuerdo» destinado a reducir las emisiones y acelerar la transición hacia energías verdes.

«Esto no será posible sin que Estados Unidos y China logren, en primer lugar, algún tipo de acuerdo», afirmó Westly, quien fue miembro de la junta directiva de Tesla.

Westly propuso un marco en el que ambos países se comprometan a reducir las emisiones en cinco sectores clave: generación de energía, industria manufacturera, uso de la tierra y recursos naturales, transporte, y alimentación y agricultura.

La propuesta contempla, además, un mecanismo global de comercio de emisiones (sistema de límites e intercambio) para financiar la transición; los ingresos generados por las industrias con una alta huella de carbono se destinarían a proyectos de protección y restauración medioambiental en países en desarrollo. Asimismo, sugirió la implementación de un sistema de monitoreo internacional, basado en satélites y tecnologías digitales, para realizar un seguimiento de los avances.

Según Westly, los progresos en la tecnología de energías renovables —especialmente en China— han hecho que la transición hacia fuentes de energía más limpias sea cada vez más asequible. Destacó que la capacidad manufacturera de China ha sido fundamental para reducir el costo de las baterías y acelerar la adopción de vehículos eléctricos y otras tecnologías limpias.

«El año pasado, China produjo más energía solar, eólica y baterías que el resto del mundo en su conjunto», señaló.

No obstante, advirtió que el progreso tecnológico por sí solo no basta, ya que existen obstáculos políticos y financieros que siguen ralentizando la acción climática a nivel mundial.

«Sabemos exactamente cómo resolver el calentamiento global; lo que ha faltado es la voluntad política y financiera», afirmó Westly.

Asimismo, señaló que, dentro de la administración estadounidense, todavía hay voces que cuestionan el cambio climático o argumentan que las políticas a favor de las energías limpias podrían perjudicar la economía. Áreas prácticas

Si bien Westly subrayó la necesidad de alcanzar un acuerdo internacional, Liang Min, director ejecutivo de la iniciativa Bits & Watts de la Universidad de Stanford, señaló varios ámbitos prácticos en los que la cooperación entre China y Estados Unidos podría beneficiar a sus respectivas industrias energéticas y acelerar el despliegue de tecnologías limpias.

Ambos países poseen fortalezas complementarias que les permitirían aprender el uno del otro, señaló Min, cuyo programa se centra en la modernización de la red eléctrica del siglo XXI.

«Estados Unidos puede aprender de China en lo que respecta a la capacidad de fabricación y escalado», afirmó. «Por su parte, China puede aprender de Estados Unidos en cuanto al diseño de mercados».

Un ámbito prometedor es el desarrollo de normas internacionales comunes para las tecnologías energéticas, indicó Min.

China ha adquirido un papel cada vez más predominante en la tecnología de transmisión de corriente continua de alta tensión, la cual permite transportar electricidad de manera eficiente a largas distancias. Según Min, ambos países podrían colaborar en el establecimiento de normas para tecnologías que mejoren la flexibilidad de los sistemas eléctricos.

Entre estas tecnologías se incluyen la integración de vehículos eléctricos en las redes, la conexión de sistemas de almacenamiento mediante baterías a la red eléctrica y la gestión del suministro energético a medida que se expande el uso de energías renovables.

«Una vez que establezcamos normas comunes, podremos escalar estas tecnologías de forma efectiva», aseguró.

Esto beneficiaría a las empresas de ambas naciones, permitiendo a los proveedores tecnológicos estadounidenses vender sus productos en China, al tiempo que abriría oportunidades para que las tecnologías chinas accedan al mercado de Estados Unidos, añadió.

Otro ámbito clave para la cooperación es el almacenamiento de energía —en particular, la seguridad de las baterías—, un aspecto que ha cobrado mayor relevancia a medida que las baterías fabricadas en China se incorporan a los sistemas eléctricos estadounidenses.

Los problemas de seguridad pueden surgir en el hardware de las baterías, en los sistemas de gestión energética o en otros componentes; por ello, resulta fundamental desarrollar normas que abarquen el sistema en su conjunto, en lugar de centrarse únicamente en productos individuales, explicó Min.

No obstante, las tensiones geopolíticas siguen siendo un obstáculo importante para materializar este potencial.

Min señaló que la incertidumbre que rodea a las relaciones entre Estados Unidos y China ha dificultado la colaboración en el ámbito de las energías limpias, incluso en áreas donde ambos países se beneficiarían de un intercambio tecnológico más estrecho. «Sin embargo, creo que ambos países desean actuar en beneficio de sus ciudadanos, a pesar de las numerosas limitaciones y desafíos a los que se enfrentan», concluyó.