Tras el sobresalto de los aranceles estadounidenses, Nueva Delhi está diversificando agresivamente sus alianzas comerciales para servir de puente en un mundo polarizado.
Cuando India selló un histórico pacto de libre comercio con la Unión Europea el mes pasado, el principal funcionario de Bruselas vio cómo se concretaba algo más que un acuerdo económico.
«India ha resurgido y Europa está realmente contenta», declaró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. “Porque cuando India triunfa, el mundo es más estable, más próspero y más seguro”.
Sus palabras fueron más que una simple delicadeza diplomática; reflejaron un creciente consenso en las capitales europeas de que India se ha convertido en un socio económico indispensable y pragmático en un momento de creciente proteccionismo y rivalidad entre grandes potencias.
Menos de una semana después de que Bruselas firmara su acuerdo comercial con India, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciaba uno propio, cuyos detalles aún son imprecisos, que se suma a una serie de acuerdos que Nueva Delhi ha cerrado en los últimos meses con Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Omán.

Canadá, liderado por el primer ministro Mark Carney, tiene previsto unirse a la lista el próximo mes con un amplio acuerdo que, según se informa, busca reducir la dependencia económica de su país de Estados Unidos. Cada acuerdo revela un poco más de una estrategia deliberada por parte de Delhi para diversificar las rutas comerciales, expandir su influencia y consolidarse como el centro estable de un sistema internacional que muestra claros signos de tensión.

