La proliferación de centros de datos en Asia no parece haber provocado el tipo de protestas que se han visto en Occidente, pero se necesitan buenas políticas para garantizar que la situación siga siendo así.
En todo Estados Unidos —país que alberga el 37% de los aproximadamente 10.800 centros de datos del mundo—, el año 2026 ha estado marcado por numerosas protestas contra la construcción de esta infraestructura. Tan solo el 18 de julio se registraron 142 protestas en 42 estados.
Según Data Centre Watch, se han bloqueado o retrasado 75 proyectos de centros de datos en EE.UU. valorados en 130.000 millones de dólares. Un estudio reciente del Pew Research Center indica que, cuanto más saben los estadounidenses sobre los centros de datos, más negativa es su opinión: el 67% de los adultos estadounidenses teme el impacto de estas instalaciones en los costes energéticos domésticos y el 63% se muestra alarmado por los posibles daños medioambientales.
La inquietud también se centra en el ruido, el valor de las propiedades, el empleo local y el aumento de los impuestos. Parece que los centros de datos se han convertido en el nuevo foco de conflicto del fenómeno NIMBY (*not in my backyard* o «no en mi patio trasero»), con llamamientos a concentrar las protestas en torno al 1 de agosto, el Día Nacional de Acción contra los Centros de Datos.
Sin embargo, esta jornada de acción pasó aparentemente desapercibida en Asia. No parece existir una polémica comparable en torno a los centros de datos a medida que estos proliferan por China y en centros digitales como Hong Kong y Singapur. ¿A qué se debe este contraste de actitudes?.
Ante todo, a la concentración de la construcción de centros de datos en un número reducido de núcleos. Según un informe de un centro de estudios de la ONU, más del 90% de la capacidad informática especializada en IA se encuentra en Estados Unidos o en China. En cambio, 150 países «carecen de una infraestructura nacional de IA significativa»
Incluso en Estados Unidos, los centros de datos se concentran mayoritariamente en Virginia, Texas y California, donde las comunidades locales ya han experimentado repercusiones significativas y temen que las consecuencias empeoren. En 2025, las facturas de electricidad aumentaron casi un 10% de media en todo el país con respecto al año anterior. El voraz consumo de agua de los centros de datos constituye una preocupación acuciante en las regiones con estrés hídrico.

