El próximo gran salto en la IA vendrá de la «auto-inteligencia» (self-intelligence): sistemas capaces de reconocer lo que no saben, adquirir ese conocimiento y decidir cómo actuar de manera segura.
Dado que el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha estado promoviendo recientemente el uso del término «superinteligencia» (SI, por sus siglas en inglés) en lugar de «inteligencia artificial» (IA) en el discurso nacional, estas siglas han cobrado una relevancia sin precedentes. Se trata de las siglas correctas, pero con un significado equivocado. En mi opinión, SI debería referirse a «auto-inteligencia» (self-intelligence).
Probablemente, esto explique por qué académicos, críticos e incluso grandes empresas del sector de la IA están pidiendo una pausa temporal en su desarrollo. Es posible que se hayan dado cuenta de que la trayectoria actual de esta tecnología va por el camino equivocado.
Generar una respuesta inteligente es algo muy distinto a adquirir conocimientos de forma autónoma, decidir qué hacer y actuar adecuadamente en un entorno impredecible. Considero que el próximo gran desafío para la IA consiste en pasar del aprendizaje automático (machine learning) hacia el logro de una «auto-inteligencia» en las máquinas.

