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Un participante interactúa con un robot en la Cumbre Global AI for Good en Ginebra, Suiza, el 7 de julio de 2023.

La fortaleza tecnológica de Europa reside en el despliegue, no en la rivalidad

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  • Última modificación de la entrada:enero 19, 2026

Para evitar la marginación tecnológica, Europa puede aprovechar sus fortalezas centrándose en los estándares de despliegue en lugar de en la rivalidad entre EE.UU. y China.

El debate europeo sobre su futuro tecnológico es oportuno y necesario. El centro de gravedad de las tecnologías de plataforma, los semiconductores avanzados, la infraestructura de nube a gran escala y la inteligencia artificial (IA) se ha desplazado innegablemente hacia Estados Unidos y China.

Mientras que EE.UU. cuenta con gigantes como Microsoft y Nvidia, y China ha impulsado a potencias como Huawei y Tencent, Europa ha visto disminuir su participación en el mercado de plataformas digitales.

Sin embargo, considerar este cambio como una inevitable marginación tecnológica es un error. Europa conserva una formidable ventaja estratégica que a menudo se subestima en los debates globales: la capacidad de traducir innovaciones complejas en sistemas compatibles, financiables y fiables en múltiples jurisdicciones. En un mundo cada vez más multipolar, esta capacidad de implementación fiable puede ser tan influyente como la propia invención.

La siguiente fase de la competencia tecnológica no se definirá únicamente por quién entrene el mayor modelo de IA, sino por quién pueda hacer que estas tecnologías de vanguardia funcionen de forma segura a escala en economías reales, sistemas sanitarios, redes eléctricas y redes de transporte de alta velocidad. Este es el ámbito en el que Europa aún puede liderar.

El poder tecnológico se mide a menudo en citas de patentes o en grandes avances. Sin embargo, la influencia en el mundo real se define por el último tramo de la adopción: certificación, integración de sistemas complejos, ciberseguridad y mantenimiento a largo plazo. Estos factores determinan si un país se beneficia realmente de la IA y la automatización o simplemente se convierte en un consumidor pasivo de estándares definidos en otros países.

Las empresas europeas están excepcionalmente preparadas para este rol. Empresas como Siemens en automatización industrial, Bosch en movilidad conectada, Ericsson en telecomunicaciones y Airbus en aviación llevan años operando en decenas de entornos regulatorios.