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La imagen muestra un centro de datos o una exposición de computación de alto rendimiento,

Wuxi le da algo nuevo a la IA: una dirección de fábrica

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  • Categoría de la entrada:China
  • Última modificación de la entrada:junio 2, 2026

Una frase que recientemente me hizo detenerme a reflexionar es «fábrica de tokens», dado que Wuxi —una de las ciudades manufactureras más experimentadas de China— se prepara para otorgarle a la inteligencia artificial algo que rara vez ha tenido antes: una dirección de fábrica.

No se trata de una fábrica que estampa piezas metálicas, ensambla placas de circuitos o carga contenedores en camiones, sino de una diseñada para producir las unidades medibles que consumen los grandes modelos de IA: los tokens.

El 15 de mayo, Honflex firmó un acuerdo con el gobierno local para construir el primer clúster de computación de supernodos Huawei Ascend 384 de la provincia de Jiangsu. Sobre esa infraestructura, Hongxin Electronics planea establecer una fábrica de tokens a gran escala en la ciudad.

La primera fase implicará el despliegue de cuatro servidores de supernodos Huawei Ascend 384. Cada servidor alberga 384 tarjetas aceleradoras de IA, y los cuatro se conectarán para formar un único superclúster. En el sector chino de fábricas de tokens —un mercado emergente orientado al comercio—, esta escala está siendo descrita como una de las más grandes existentes.

Al principio, la frase suena casi teatral. Pero cuanto más profundizaba en su lógica, más industrial resultaba. Un token es la unidad básica que procesa un modelo de IA. Cada respuesta de un chatbot, cada solicitud de programación a una IA, cada comando de edición de imágenes o cada informe automatizado consume tokens.

Una fábrica de tokens es una instalación de producción industrializada dedicada a generar las unidades básicas de la creación de IA: los tokens. En el interior de la fábrica de tokens se encuentran la infraestructura de potencia de cálculo, los modelos y algoritmos, los sistemas de programación y distribución, y una plataforma MaaS (Modelo como Servicio).

Aquí es donde la historia de Wuxi trasciende la de un simple proyecto de centro de datos. El debate sobre la IA en China ha girado durante mucho tiempo en torno a quién posee el modelo más inteligente. Wuxi plantea una pregunta de carácter más industrial: ¿puede la inteligencia suministrarse de manera continua, fiable y a gran escala?.

Shen Yang, profesor de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad de Tsinghua, afirmó: «Una fábrica de tokens es la fábrica más importante de la era de la inteligencia. Tiene la capacidad de transformar la electricidad y los datos en capacidad productiva cognitiva». El valor del concepto, señaló Shen, radica en que desplaza la narrativa de la industria de la IA: pasa de centrarse en «cuán inteligente es el modelo» a cuestionarse «si la inteligencia puede suministrarse de manera continua».

Esa idea capta el verdadero significado del proyecto de Wuxi. La ciudad no se limita a añadir un clúster informático más; lo que intenta es insertarse en la próxima cadena industrial de China, una estructura edificada en torno a chips, modelos y aplicaciones de fabricación nacional.

Honflex declaró que este proyecto constituye un paso fundamental en su estrategia de despliegue nacional de capacidad de cómputo para la IA, así como un avance significativo para Wuxi en la implementación de la estrategia nacional «Datos en el Este, Cómputo en el Oeste» y en la construcción de un ecosistema informático de origen local.

Shen añadió una condición más: la distribución a escala global.

«La «fábrica de tokens» implica que no se enfrenta a un mercado único, sino a una división global del trabajo», afirmó. «En el futuro, un país que verdaderamente merezca el título de «fábrica del mundo» no será, sin duda alguna, aquel que retenga sus modelos exclusivamente dentro de sus fronteras, sino aquel capaz de exportar servicios inteligentes al resto del planeta».

Ante esta idea, fui testigo de cómo se reescribe el antiguo modelo de fábrica chino. La cadena de montaje no ha desaparecido; simplemente se ha vuelto invisible. Su producción ya no se transporta en camiones ni en barcos, sino a través de una llamada a una interfaz de programación de aplicaciones (API). Es posible que el cliente nunca llegue a ver Wuxi; sin embargo, si la ciudad logra su cometido, una porción de inteligencia artificial —manifestada en algún lugar, en una pantalla— podría tener su origen aquí: en el interior de una «fábrica de tokens».