A medida que disminuye el coste de ejecución de los modelos de IA, la economía de los “tokens” está transformando ecosistemas que van mucho más allá de las oficinas corporativas.
Cada mes, un empleado de ByteDance con sede en Beijing consume cerca de mil millones de unidades de una nueva moneda corporativa: una moneda que no sirve para comprar un café ni para pagar el alquiler.
Sin embargo, como él mismo señaló, esa cifra astronómica «ni siquiera me sitúa cerca de los primeros puestos en las clasificaciones de consumo de mi departamento».
Esa moneda no es el yuan, sino los “tokens” de inteligencia artificial.
«El uso de la IA se ha convertido ya en parte de casi todas las tareas», afirmó el empleado, quien solicitó el anonimato al no estar autorizado por la empresa para hablar con los medios de comunicación.
Un “token” —denominado “ciyuan” en China continental— es la unidad básica mediante la cual se miden y facturan los servicios de IA. Cada instrucción (“prompt”) enviada a un modelo y cada respuesta generada consumen “tokens”, de forma muy parecida a como se mide la electricidad en kilovatios-hora.
Mientras los gigantes tecnológicos chinos —desde ByteDance hasta Alibaba Group Holding y Tencent Holdings— se apresuran a fomentar que sus empleados integren la IA en sus flujos de trabajo diarios, los “tokens” se han convertido en una nueva forma de asignación corporativa. Los empleados ya no solo deben gestionar su tiempo; también se espera que administren su consumo de “tokens” como prueba de su competencia en el uso de la IA.
Este aumento en el uso de la IA en el sector empresarial está impulsado por una feroz guerra de precios. Cuando DeepSeek, una empresa «unicornio» de IA con sede en Hangzhou, redujo en mayo un 75% el precio de su modelo insignia V4-Pro, puso de relieve el rasgo distintivo de la industria china de la IA: una carrera acelerada por abaratar la inteligencia.

