Con sus fortalezas combinadas, China y Gran Bretaña pueden impulsar una era de inteligencia artificial definida por la seguridad, la inclusión y la prosperidad.
Durante una reciente conversación en Shenzhen con la Secretaria de Asuntos Exteriores británica, Yvette Cooper, recordé que el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) ya no es solo una carrera tecnológica. Es una prueba para determinar si las principales economías pueden construir las instituciones, los estándares y los sistemas económicos necesarios para integrar las máquinas inteligentes en la sociedad humana.
Gran Bretaña tiene motivos de sobra para entrar en esta nueva era con confianza. Ha contribuido a gran parte de los cimientos del mundo moderno. En 1687, Isaac Newton publicó Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, contribuyendo a establecer la visión científica del mundo que hizo posible la ingeniería moderna y la Revolución Industrial. En 1776, Adam Smith publicó La riqueza de las naciones, aportando a la era industrial uno de sus modelos económicos más influyentes: la división del trabajo, la especialización, los mercados, el comercio y la acumulación de capital.
En el siglo XX, Alan Turing sentó las bases intelectuales de la computación y la inteligencia artificial. Su trabajo ayudó a definir qué es la computación y, posteriormente, planteó una de las preguntas más profundas de la era moderna: si las máquinas pueden pensar.
Esta historia es importante. La era de la IA requiere tanto confianza tecnológica como sistemas económicos viables. Gran Bretaña ha contribuido a proporcionar ambos. No debería ver la era de la IA únicamente como un desafío de mercados más grandes o competidores más ágiles. Debería verla como una nueva oportunidad para que sus fortalezas en ciencia, economía política, derecho, educación y gobernanza ayuden a configurar las reglas de una nueva era.
China, por su parte, se ha desarrollado a una velocidad extraordinaria en las últimas décadas. En particular, ha desarrollado las capacidades de fabricación y robótica más sólidas del mundo, junto con una cadena de suministro resiliente y ecosistemas de aplicaciones a gran escala. No cabe duda de que China será una de las potencias mundiales de la era de la IA. Desde la fabricación inteligente hasta el despliegue de la IA, es innegable que la escala y la capacidad de ingeniería de China son cruciales.
Es evidente que ambos países tienen un papel que desempeñar. La verdadera cuestión es si Gran Bretaña o China pueden cooperar en problemas que ninguno de los dos puede resolver por sí solo.


