Fue una semana difícil para Elon Musk.
Las acciones de Tesla se desplomaron un 18% durante la semana para cerrar en 313,03 dólares el viernes, registrando su peor caída semanal desde 2022. Por su parte, las acciones de SpaceX continuaron su tendencia a la baja, cayendo un 7,2% en cinco días hasta cerrar en 115,07 dólares el viernes, su nivel más bajo desde la histórica oferta pública inicial (OPI) de la compañía el mes pasado.
El descenso de ambas acciones borró unos 130.000 millones de dólares de la fortuna de Musk, apenas semanas después de que se convirtiera en el primer billonario (en dólares) del mundo. En una publicación en X el viernes, Musk escribió: «Exbillonario».
La caída de Tesla fue impulsada por unos resultados inferiores a lo esperado cuando el fabricante de vehículos eléctricos presentó sus cifras del segundo trimestre a última hora del miércoles. La empresa pasó a tener un flujo de caja negativo debido al aumento del gasto en proyectos futuristas como robotaxis, robots humanoides y una enorme fábrica de chips.
«Esperamos que esto presione el flujo de caja libre y retrase el crecimiento de los beneficios, sin ofrecer rentabilidad a los accionistas a corto plazo», señalaron el viernes los analistas de Argus Research, firma que mantiene una calificación de «mantener» para la acción. «Creemos que será casi imposible para Tesla generar una consistencia en el crecimiento de los beneficios a corto plazo».
Las acciones de Tesla acumulan una caída del 30% en lo que va de año, siendo, con diferencia, las de peor desempeño entre las grandes empresas tecnológicas.
Mientras tanto, las acciones de SpaceX han seguido una trayectoria descendente constante durante el último mes, tras el repunte inicial registrado cuando la empresa salió a bolsa. Los títulos han caído en cuatro de las últimas cinco semanas y se sitúan aproximadamente un 43% por debajo de su máximo de cierre alcanzado el 16 de junio.
El viernes por la noche, SpaceX lanzó el decimotercer vuelo de prueba de Starship, el cohete más grande jamás construido o puesto en vuelo. La compañía lanzó la nueva versión del cohete, Starship V3, desde su complejo y base de lanzamiento en Starbase, Texas. El cohete fue diseñado para ser totalmente reutilizable y se considera fundamental para los objetivos a corto plazo de SpaceX de ampliar considerablemente su red de satélites Starlink.
En una publicación en X —red social propiedad de SpaceX—, la compañía informó que había pospuesto el vuelo de prueba previsto para el jueves «debido a las condiciones meteorológicas». La semana pasada, SpaceX canceló un vuelo de prueba después de que el propulsor del cohete activara una parada automática que «apagó los motores justo cuando empezaban a encenderse», según comentó un empleado de la compañía durante la retransmisión en directo del evento.
El lanzamiento exitoso de la Starship V3 —una versión mejorada de su cohete de aproximadamente 120 metros de altura— fué el primero desde que la empresa salió a bolsa.
SpaceX planea utilizar la Starship para llevar a astronautas estadounidenses de vuelta a la superficie lunar, y Musk quiere que el cohete impulse, con el tiempo, misiones tripuladas a Marte.
Musk hizo una aparición pública esta semana al conceder una entrevista a “The Economist”, la cual resultó ser bastante polémica.
Zanny Minton Beddoes, redactora jefa de la publicación, preguntó a Musk sobre su apoyo «no solo a la derecha populista, sino a la extrema derecha; de hecho, a partidos muy marginales en algunos países».
Además de su respaldo económico y público al presidente Donald Trump —incluida su colaboración con su segunda administración—, Musk ha expresado su apoyo al partido alemán AfD, de extrema derecha y fuertemente antiinmigración, así como a la organización británica Restore Britain, fundada por Rupert Lowe, quien también aboga por «revertir la migración masiva».
«¡Es gente normal y corriente!», respondió Musk. Asimismo, arremetió contra Beddoes y «los medios tradicionales» por ofrecer una «caracterización absurda de la extrema derecha».

