Así como la influencia geopolítica en el siglo XX dependía a menudo de los mercados energéticos, el siglo XXI podría estar dominado por la infraestructura.
Cuando se habla de la carrera por la inteligencia artificial, la atención suele centrarse en el software. Los titulares giran en torno a ChatGPT, Gemini, DeepSeek o el último modelo revolucionario.
Los gobiernos anuncian estrategias de IA y los inversores destinan miles de millones a empresas emergentes que prometen transformar sectores que van desde la medicina hasta la educación. Sin embargo, es posible que la batalla más trascendental de la era de la IA no tenga que ver con los algoritmos, sino con las máquinas.
Detrás de cada respuesta de un chatbot y de cada imagen generada por IA existe una vasta infraestructura física compuesta por fábricas de semiconductores, centros de datos, redes en la nube, líneas de transmisión y centrales eléctricas. Estas son las fábricas del siglo XXI. Cada vez más, la brecha podría situarse entre los países que poseen la infraestructura que sustenta la IA y aquellos que solo acceden a las aplicaciones desarrolladas sobre ella.
La historia nos ofrece una lección conocida. Durante la Revolución Industrial, el poder económico recaía en los países que controlaban la capacidad manufacturera. En el siglo XX, la influencia geopolítica dependía a menudo del petróleo, los oleoductos y los mercados energéticos. Hoy en día, la potencia de cálculo está emergiendo como el nuevo activo estratégico.
Actualmente, Estados Unidos alberga más de 4.200 centros de datos, lo que representa casi la mitad de la capacidad mundial. Alemania, el segundo centro más importante de Europa, cuenta con algo más de 500. China tiene menos de 500, mientras que la India, a pesar de ser el país más poblado del mundo, cuenta con cerca de 300. Esta disparidad es relevante porque la IA funciona gracias a la infraestructura; el entrenamiento y el despliegue de modelos avanzados de IA requieren una enorme potencia de procesamiento. Los países con ecosistemas informáticos más sólidos están mejor posicionados para atraer inversiones, albergar industrias digitales y captar mayor valor de la economía de la IA.
La ventaja de Estados Unidos va más allá de las cifras. Microsoft, Amazon, Google y Meta operan algunas de las mayores redes en la nube del mundo y, en conjunto, destinan decenas de miles de millones de dólares anuales a ampliar la infraestructura de IA. En el último ejercicio fiscal, Microsoft anunció que estaba invirtiendo cerca de 80.000 millones de dólares en centros de datos para IA.

