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Estudiantes caminan por el campus de la UCLA en Westwood, California, el 19 de junio.

Por qué los jóvenes chinos no abuchean a la IA, a diferencia de los graduados estadounidenses

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  • Categoría de la entrada:China
  • Última modificación de la entrada:julio 9, 2026

Dar a los jóvenes la oportunidad de ayudar a construir el futuro con IA es más eficaz que una narrativa en la que ellos son sus víctimas inevitables.

Esta primavera, los graduados estadounidenses hicieron algo que el público rara vez hace en las ceremonias de graduación: abuchearon el futuro que se les intentaba vender. En varias universidades, los estudiantes increparon a los oradores que elogiaban la inteligencia artificial (IA); tal fue la frecuencia de estas reacciones que un informe de la National Public Radio aconsejó a los ponentes de este año evitar el tema por completo.

Es demasiado fácil despachar esa reacción tachándola de tecnofobia. Se trata de una de las generaciones de graduados con mayor competencia digital de la historia. Lo que rechazan no es la IA en sí, sino una versión de la misma en la que los beneficios son para las empresas, mientras que los riesgos recaen sobre los peldaños más bajos de sus carreras profesionales.

Una tecnología sobre la que uno puede construir se percibe como una posibilidad. Una tecnología que se construye “sobre” las perspectivas de futuro de uno mismo se percibe como un destino impuesto. Eso es lo que, más allá de cualquier diferencia técnica en las máquinas, separa actualmente a muchos jóvenes estadounidenses de los chinos en cuanto a su actitud hacia la IA.

Observo esto desde Europa, a medio camino entre los laboratorios de vanguardia de Estados Unidos y la economía de aplicaciones de China, lo que tal vez me permita ver ambos modelos con mayor claridad. En un artículo reciente publicado en este periódico, Wei Wei atribuía esta brecha a las perspectivas económicas y a los diferentes niveles de confianza. Es un análisis acertado hasta cierto punto, pero la división más profunda radica en la capacidad de acción (“agency”): si las instituciones invitan a los jóvenes a construir con la IA o si, por el contrario, se limitan a pedirles que asuman sus consecuencias.

A los jóvenes estadounidenses no les falta acceso a la tecnología. Cuentan con asistentes de programación, modelos de código abierto, laboratorios de IA en los campus y la cultura de “start-ups” más sólida del mundo. Estados Unidos sigue liderando la frontera de la innovación disruptiva (el paso de «cero a uno»), pero el liderazgo en la frontera tecnológica no equivale a una amplia capacidad de acción para el individuo. Gran parte de esa capacidad reside en unas pocas grandes empresas y, para un recién graduado, se manifiesta inicialmente a través de un mercado laboral inquietante: menos puestos para principiantes, procesos de contratación automatizados y empleadores reticentes a ofrecer formación para tareas que el “software” podría realizar en breve. El mercado laboral para los recién graduados ya se estaba debilitando antes de que se pudiera atribuir cualquier efecto a la inteligencia artificial: factores como los tipos de interés, la contratación excesiva y la desaceleración de ciertos sectores también influyen. Aun así, la experiencia es real. Los recién graduados universitarios en Estados Unidos se han enfrentado a tasas de desempleo superiores a las de la fuerza laboral en general, con un subempleo que, según datos recientes, supera el 40%. Para un joven de 22 años, la cuestión no es si la IA transformará la productividad, sino si todavía existe ese primer empleo que antes servía para aprender cómo funciona un sector.