Es un buen momento para dedicarse al negocio de las memorias. Gracias al auge del sector de los centros de datos para IA, los ingresos de SK Hynix y Micron se han triplicado en el último año, mientras que los de Samsung se han duplicado aproximadamente.
Sin embargo, aunque este trío debe su buena fortuna a la revolución de la IA, el escenario está preparado para un posible cambio de tendencia; así ha sido históricamente el negocio de las memorias.
Hoy en día, la demanda desbordante de memoria de gran ancho de banda (HBM), DDR5 y memoria flash NAND —necesarias para los servidores con GPU— ha absorbido toda la capacidad disponible, provocando una escasez que ha disparado los precios de todo tipo de productos, desde la electrónica de consumo hasta la infraestructura de IA. Actualmente, resulta difícil incluso comprar un teléfono inteligente económico.
Los tres principales fabricantes de memoria están invirtiendo ahora cientos de miles de millones de dólares para poner en marcha nuevas plantas de producción.
En junio, el presidente surcoreano Lee Jae-myung anunció una inversión de 576.000 millones de dólares, liderada por SK Hynix y Samsung, para impulsar la producción de chips y fortalecer las cadenas de suministro de IA.
El jueves, Micron comunicó que invertiría hasta 3.000 millones de dólares para reforzar la cadena de suministro de semiconductores en Estados Unidos; además, según informes recientes, el fabricante de chips con sede en Idaho trabaja también para aumentar la producción en sus plantas de Singapur, Taiwán y Japón.
Lamentablemente, es un proceso lento.
La fabricación de semiconductores es una de las industrias más complejas y que más recursos exige en todo el mundo; construir una nueva planta de obleas DRAM o flash NAND no es una tarea sencilla.
Antes de que el primer chip salga de la línea de producción, es necesario asegurar la financiación, seleccionar la ubicación, obtener los permisos e instalar instalaciones auxiliares —que van desde sistemas de acondicionamiento eléctrico y climatización hasta sistemas de filtración de agua ultrapura— valoradas en decenas de millones de dólares.
Incluso una vez terminadas las salas blancas, hay que instalar y validar equipos especializados de litografía, transporte de obleas y pruebas, cuya inversión asciende a cientos de millones de dólares. Y cuando todo está listo para ponerse en marcha, pueden pasar meses hasta ajustar los sistemas y lograr niveles de rendimiento aceptables. A menudo, este proceso lleva años, incluso sin contar posibles retrasos.
Por tanto, aunque ya hay varias plantas de memoria en construcción, cualquier proyecto que SK, Samsung o Micron inicien hoy tardará al menos tres años en entrar en funcionamiento, y aún más tiempo en alcanzar su plena capacidad de producción. Esto significa que los precios de la memoria se mantendrán elevados en el futuro previsible. Un informe reciente de IDC advierte que es posible que no veamos un alivio de la «RAMpocalipsis» hasta al menos 2028.
Son excelentes noticias para los fabricantes de memoria, cuyos ingresos seguirán inflados. Sin embargo, representa un gran problema para las “startups” de IA y los desarrolladores de modelos, que tendrán que pagar precios más altos por la infraestructura hasta que eso cambie.
OpenAI y otras empresas han dedicado cerca de cuatro años —y cientos de miles de millones de dólares en capital de riesgo— a desarrollar modelos, agentes y herramientas cada vez más capaces. Ya no se trata de si la tecnología funciona, sino de si los beneficios justifican mantener la inversión en los niveles actuales o superiores.
Tarde o temprano, estas “startups” tendrán que empezar a generar beneficios, y los precios desorbitados de la memoria ciertamente no ayudan a encontrar algo parecido a un margen de ganancia en el coste por “token”.
La pregunta ahora es si los proveedores de memoria lograrán poner en marcha nueva capacidad antes de que las grandes empresas de IA agoten sus fondos —subsidiados por el capital de riesgo— y se detenga la música.
Históricamente, la memoria ha sido un producto básico (“commodity”) sujeto a fuertes fluctuaciones de precios, caracterizadas por ciclos de auge y caída. Por ello, los proveedores dependen de los ciclos de auge para financiar sus fábricas, aun sabiendo que, una vez que estas entren en funcionamiento, el aumento de la capacidad podría provocar un desplome de los precios.
Como informamos a finales del año pasado, el auge de la IA ha transformado radicalmente esta dinámica. Aunque cabría esperar una bajada de los precios de la memoria a lo largo de 2025 y 2026, hemos visto exactamente lo contrario, ya que la infraestructura de IA absorbe toda la memoria DRAM y NAND que puede conseguir.
No obstante, si la demanda prevista de IA no alcanza las expectativas, todos saldrán perdiendo y los proveedores de memoria se verán atrapados en la peor crisis cíclica de su historia.
Como nota positiva, el precio desorbitado de la memoria dejará de ser la razón por la que no puedes permitirte comprar un portátil o un teléfono inteligente nuevo.

