La principal preocupación ética es el engaño. Tratar a los sistemas de IA como si fueran humanos pone en riesgo la vida de personas vulnerables.
Antropomorfizar la inteligencia artificial —es decir, tratar a los sistemas de IA como si poseyeran emociones, intenciones, conciencia o juicio moral humanos— constituye tanto un problema ético como práctico. Si bien atribuir cualidades humanas a los sistemas de IA puede hacer que las interacciones resulten más cercanas, también conlleva el riesgo de distorsionar la percepción que tienen los usuarios sobre la verdadera naturaleza y las limitaciones de esta tecnología.
Llamemos a las cosas por su nombre. Las llamadas «alucinaciones» que generan los sistemas de IA no son más que errores e inexactitudes. Hasta hace poco, el término «IA» se utilizaba como adjetivo (por ejemplo, «sistemas de IA»); sin embargo, ahora es habitual referirse a un sistema de IA como un sustantivo: «la IA».
Esta elección terminológica ha elevado a los sistemas de IA a una forma de inteligencia equiparable —o incluso superior— a la humana. Es cierto que, en algunos casos, su capacidad de procesamiento y su destreza superan a las de los humanos, pero también fallan estrepitosamente, ya que, al fin y al cabo, son máquinas.
Desde la Revolución Industrial, se ha aceptado que las máquinas pueden ser más eficientes que los humanos en determinadas tareas. No obstante, en aquel entonces no considerábamos a la maquinaria como parte de nuestro equipo de trabajo; tampoco deberíamos hacerlo ahora con los sistemas de IA.
La IA generativa basada en texto, al igual que muchos programas informáticos y algoritmos, destaca en el procesamiento de datos: búsquedas por palabras clave, identificación de patrones y secuencias de datos, así como la comparación, correspondencia y combinación de información, se realizan con una rapidez inalcanzable para cualquier ser humano. Si a esto le sumamos el análisis estadístico y las matemáticas, obtenemos una apariencia de inteligencia, pero no inteligencia real.
Los sistemas de IA generativa basados en texto se entrenan con enormes cantidades de texto. Ante la palabra «thank», el sistema puede calcular estadísticamente la probabilidad extremadamente alta de que la siguiente palabra sea «you», y eso es lo que genera. Del mismo modo, si se le pide completar la frase «the cat sat on the», la respuesta más probable sería «mat».

