La enorme inversión de la industria tecnológica en inteligencia artificial está chocando con un creciente problema de confianza entre los adultos jóvenes. Encuestas recientes sugieren que muchos estadounidenses de entre 18 y 34 años desconfían de los ejecutivos más destacados del sector de la IA y les preocupa cómo esta tecnología podría afectar a sus carreras profesionales.
Para las empresas tecnológicas, este escepticismo podría acabar afectando a algo más que a la percepción pública; podría influir en la contratación de personal, la adopción de la IA, el desarrollo de centros de datos, la regulación y las decisiones de compra.
Analicemos por qué esta brecha generacional de confianza podría convertirse en un problema empresarial importante para la industria de la IA.
Los adultos jóvenes desconfían de los líderes tecnológicos.
Según una encuesta reciente de CNBC y Generation Lab realizada a 1.088 estadounidenses de entre 18 y 34 años, los participantes expresaron una gran desconfianza hacia varios ejecutivos de la industria de la IA. Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, registró un índice de desconfianza del 81%, seguido por Peter Thiel (79%), Mark Zuckerberg (71%), Elon Musk (70%) y Sam Altman (69%). A Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft, le fue mejor, aunque solo el 35% de los encuestados afirmó confiar en él.
Las preocupaciones van más allá de los ejecutivos a título individual. La encuesta reveló que el 45% de los participantes espera que la IA afecte negativamente a sus carreras, mientras que el 40% se muestra partidario de una regulación gubernamental estricta del sector. Asimismo, el 60% quiere que la industria tecnológica frene la construcción de centros de datos.
En conjunto, estos resultados sugieren que el problema de confianza que enfrenta la industria de la IA podría repercutir en la contratación, la regulación, el desarrollo de infraestructuras y la adopción de la tecnología.
Sean cuales sean las causas, los datos de la encuesta sugieren que los líderes tecnológicos tienen mucho trabajo por delante para recuperar la confianza del público.
La desconfianza podría complicar la contratación de talento en IA.
Las empresas tecnológicas dependen de un flujo constante de jóvenes ingenieros, desarrolladores, investigadores y otros profesionales técnicos. Si los posibles empleados desconfían de la dirección de una empresa o cuestionan cómo su tecnología afectará a los trabajadores, atraer a ese talento podría resultar más difícil.
La remuneración puede ayudar a superar ciertas reticencias, pero las empresas también compiten en aspectos como la reputación, la misión, la cultura laboral y la oportunidad de trabajar en productos que los empleados consideran valiosos. Por ello, las empresas de IA que adquieran mala fama entre los trabajadores más jóvenes podrían tener más dificultades para atraer talento y correr un mayor riesgo de perder candidatos frente a la competencia.
Las empresas tecnológicas consolidadas se han enfrentado a desafíos de contratación similares cuando los trabajadores más jóvenes empezaron a verlas como empleadores anticuados o poco atractivos. Las empresas de IA podrían enfrentarse a una versión más compleja de este problema si las preocupaciones abarcan no solo la cultura corporativa, sino también el impacto que se percibe que tiene la tecnología en el empleo y la sociedad.
Esto no significa que los jóvenes ingenieros se nieguen a trabajar para las grandes empresas de IA, pero la reputación podría convertirse en otro factor que influya en la contratación, la retención y la remuneración.
Los centros de datos agravan el problema de la confianza.
La creciente presencia física de la IA añade otra dimensión al desafío de confianza que afronta el sector. Los centros de datos requieren grandes cantidades de electricidad y, dependiendo de su diseño y ubicación, pueden suponer una carga adicional para el suministro de agua y otras infraestructuras locales.
Estos proyectos ponen cada vez más a las empresas tecnológicas en contacto directo con comunidades preocupadas por la capacidad de los servicios públicos, el impacto medioambiental, las obras de construcción y quién asume finalmente el coste de las mejoras en las infraestructuras.
Para las empresas de IA, abordar estas inquietudes exige algo más que explicar las ventajas técnicas de una mayor capacidad de computación. Requiere escuchar a las comunidades afectadas, comunicar con claridad los costes y beneficios, e invertir adecuadamente en las infraestructuras de las que dependen sus instalaciones.
La encuesta sugiere que las preocupaciones sobre la IA van más allá de la propia tecnología y abarcan también la infraestructura necesaria para sustentarla. El mensaje para las empresas de IA es claro: una expansión rápida que no tenga en cuenta las inquietudes de la comunidad corre el riesgo de erosionar aún más la confianza pública.
La opinión pública podría influir en las políticas sobre IA.
El escepticismo público puede acabar influyendo en las políticas tecnológicas. Si los votantes más jóvenes siguen preocupados por el impacto de la IA en el empleo y son partidarios de una mayor regulación, es probable que los cargos electos presten atención a esta cuestión.
Esto podría afectar a aspectos que van desde la regulación de la IA hasta la aprobación local de centros de datos y los incentivos públicos destinados a atraer infraestructuras tecnológicas y plantas de fabricación de semiconductores.
Una oposición pública persistente también podría dificultar el mantenimiento político de ciertos incentivos tecnológicos. El sector tecnológico se beneficia de exenciones fiscales municipales para la construcción de centros de datos y de subvenciones federales para la fabricación de semiconductores.
Las empresas tecnológicas que soliciten incentivos públicos para grandes proyectos de infraestructura deben esperar un mayor escrutinio en cuanto a los empleos locales, las inversiones, los ingresos fiscales y los beneficios para las infraestructuras que dichos proyectos generan.
Cómo pueden los líderes tecnológicos recuperar la confianza.
Los directivos del sector tecnológico deben comunicar de forma más eficaz qué supone la IA para los trabajadores. Hacer hincapié constante en la automatización y la sustitución de empleos puede reforzar los temores reflejados en la encuesta.
Un enfoque más acertado consistiría en destacar los aspectos en los que la IA potencia la labor de los empleados, elimina tareas tediosas, mejora la productividad y crea nuevas oportunidades. Las empresas también necesitan pruebas de que esos beneficios se están materializando, en lugar de depender de promesas sobre lo que la IA podría llegar a ofrecer.
El mismo principio se aplica a los centros de datos. Las empresas que construyen grandes instalaciones deben colaborar con las comunidades en cuestiones de energía, agua, transporte y otras necesidades de infraestructura, además de demostrar claramente los beneficios económicos locales que aportan sus proyectos.
Recuperar la confianza requerirá algo más que mejorar la comunicación. Las empresas deberán demostrar que la inversión en IA puede generar beneficios para los trabajadores, los clientes y las comunidades que sustentan la infraestructura necesaria para esta tecnología.
Riesgo empresarial a largo plazo.
Si la desconfianza persiste, podría acabar afectando a aspectos que van más allá de la contratación y la regulación. Los jóvenes adultos de hoy se convertirán en los directivos, ejecutivos, compradores de tecnología e inversores del mañana; por tanto, su actitud ejercerá una mayor influencia en las decisiones de compra de las empresas y en la adopción por parte de los consumidores.
Los compradores que desconfían de la dirección de una empresa pueden mostrarse más receptivos a los productos de la competencia, especialmente cuando existen alternativas comparables. En consecuencia, la reputación de marca podría convertirse en un factor competitivo cada vez más importante en el ámbito de la IA.
Las previsiones de crecimiento de la IA dependen, en parte, de que las empresas y los consumidores sigan adoptando esta tecnología. Una desconfianza persistente no implica necesariamente que la adopción se estanque, pero sí representa un riesgo que las empresas no deberían pasar por alto. El sector estará en una posición más sólida si sus líderes consideran la confianza pública como un requisito empresarial, en lugar de asumir que la capacidad tecnológica por sí sola garantizará la aceptación.
Conclusión.
Los resultados de la encuesta lanzan una advertencia a un sector de la IA que invierte enormes cantidades de dinero en tecnología, infraestructura y talento. Un número significativo de jóvenes adultos desconfía de los ejecutivos tecnológicos más destacados, teme el impacto de la IA en sus carreras profesionales, aboga por una mayor regulación y desea que se frene el desarrollo de centros de datos.
Es posible que estas actitudes cambien a medida que evolucione la IA y sus beneficios se hagan más evidentes, pero las empresas tecnológicas no deberían dar por sentado que así será.
Generar confianza exigirá que los ejecutivos demuestren que la IA puede crear valor no solo para los accionistas, sino también para los empleados, los clientes y las comunidades que sustentan su infraestructura. Para un sector cuyo éxito a largo plazo depende de una adopción generalizada, la confianza pública se está convirtiendo en una cuestión empresarial de primer orden.

