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Un robot humanoide de UBTech recoge un objeto durante una demostración que simula la línea de montaje de una fábrica, en el Parque Industrial de Robótica de Beijing (Beijing E-Town) en 2025.

Es posible que la revolución robótica de China no llegue como usted espera

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  • Categoría de la entrada:Robótica
  • Última modificación de la entrada:septiembre 5, 2026

Por lo general, los vehículos eléctricos se exportan como productos terminados y con marca propia. La robótica china podría expandirse de manera diferente.

Los robots de China han demostrado gran destreza a la hora de acaparar el protagonismo. En la Conferencia Mundial de Robótica celebrada el mes pasado en Beijing, unos humanoides clasificaron paquetes, empaquetaron teléfonos y realizaron tareas domésticas. Unitree Robotics, cuyas máquinas pueden correr, bailar y practicar artes marciales, protagonizó una entrada igualmente espectacular en la bolsa de Shanghái: cerró su primera jornada de cotización multiplicando por más de cinco su precio de salida.

El espectáculo es real, al igual que el logro de ingeniería que lo sustenta. Sin embargo, esto puede ocultar una perspectiva más útil para analizar el auge de la robótica en China. Se están perfilando dos enfoques distintos. Uno se plantea cuánta capacidad puede integrarse en un cuerpo cada vez más versátil. El otro se pregunta cuánta inteligencia útil puede trasladarse entre diferentes cuerpos.

Unitree es un ejemplo destacado del primer enfoque. Su fortaleza en locomoción y control de movimiento ha impulsado el avance de los humanoides chinos a una velocidad notable; no obstante, su fundador, Wang Xingxing, también se ha mostrado franco sobre el desafío que plantea el software. El mes pasado afirmó que el avance tecnológico necesario para que los robots se desenvuelvan en entornos y tareas desconocidos podría llegar en dos o tres años, en el mejor de los casos, o bien podría demorarse hasta una década.

Tal incertidumbre no convierte a los humanoides en una mala apuesta. Más bien, pone de manifiesto la complejidad del mundo físico. Los modelos de lenguaje pueden aprender a partir de un inmenso registro digital. Los robots, en cambio, deben lidiar con la gravedad, los reflejos de luz, el desorden, los objetos deformables, los obstáculos imprevistos y los errores que pueden dañar el equipo. Una demostración puede durar apenas unos minutos, mientras que un cliente industrial espera que el sistema funcione turno tras turno.

También entra en juego la cuestión de las prioridades. Un robot doméstico que dobla la ropa o barre el suelo ofrece una demostración encantadora. Sin embargo, dado que el desempleo juvenil mundial se situó en el 12,4% el año pasado, automatizar las tareas del hogar podría no ser la revolución de productividad que muchas economías necesitan con mayor urgencia. Si un joven está desempleado y en casa, delegar el lavado de los platos a un robot humanoide difícilmente parece el gran avance que la economía espera.

Fei-Fei Li, informática de Stanford, ha planteado el desafío más profundo en términos de inteligencia espacial. La inteligencia artificial debe hacer algo más que reconocer el mundo: debe comprender el espacio tridimensional lo suficientemente bien como para razonar y actuar dentro de él. Su trabajo también nos recuerda que un robot no tiene por qué parecerse a un ser humano; la inteligencia puede adoptar muchas formas.