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Ilustración: Craig Stephens.

EE.UU. y China deben dialogar para gestionar los peligros de la competencia en IA en la era nuclear

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  • Categoría de la entrada:Resto del Mundo
  • Última modificación de la entrada:mayo 29, 2026

La coexistencia de la era nuclear con la era de la IA constituye un cóctel de peligro existencial sin precedentes. Se requiere el compromiso mutuo, no el desacoplamiento.

Tras la cumbre entre el presidente chino Xi Jinping y el presidente estadounidense Donald Trump, la relación entre China y EE.UU. es, en un aspecto crítico, más peligrosa que en cualquier otro momento desde los sucesos de la plaza de Tiananmen. La razón no reside en las fricciones comerciales, los aranceles, Taiwán o la competencia geopolítica, por muy importantes que estos sean. La causa es la competencia por la supremacía en inteligencia artificial, la cual reconfigurará cada aspecto de las relaciones en la próxima década.

No se trata meramente de una contienda tecnológica; es una contienda entre sistemas institucionales. Hace un cuarto de siglo, durante el debate sobre el establecimiento de relaciones comerciales normales y permanentes con China, Washington se enfrentó a una cuestión estratégica ya conocida: compromiso o confrontación.

Un bando abogaba por una integración económica sostenida, apoyando la admisión de China en la Organización Mundial del Comercio. El otro buscaba condicionar el comercio al cumplimiento de ciertos parámetros en materia de derechos humanos. La cuestión de fondo era determinar si el compromiso económico moderaría la conducta de China o, por el contrario, fortalecería a un rival estratégico.

Esa interrogante ha resurgido, pero en un terreno diferente. Hoy, la IA constituye el campo de batalla más crítico. En Washington, la visión predominante —ejemplificada por los controles a la exportación de tecnologías de semiconductores— sostiene que la competencia tecnológica torna obsoleto el compromiso mutuo. El desacoplamiento —es decir, la separación económica, tecnológica e institucional— se considera cada vez más tanto una necesidad defensiva como una estrategia a largo plazo.

Este planteamiento es erróneo. La IA difiere de las tecnologías precedentes en un aspecto fundamental: su mayor impacto no proviene de aplicaciones aisladas, sino de la integración. Los sistemas más avanzados no son herramientas independientes; son plataformas de ámbito empresarial que operan transversalmente en diversas funciones: finanzas, logística, manufactura, inteligencia y toma de decisiones. Su valor reside precisamente en la forma en que interconectan los distintos sistemas y funciones.

China posee ventajas significativas a la hora de implementar la IA a escala empresarial. El Estado tiene la capacidad de alinear a las empresas privadas, las empresas estatales y la política regulatoria para lograr una coordinación expedita. El capital puede canalizarse hacia sectores estratégicos, y los datos pueden agregarse a través de las distintas instituciones. Estas características facilitan el despliegue de la IA empresarial a través de sistemas completos, generando beneficios sinérgicos y exponenciales que son, simultáneamente, económicos, políticos y militares.