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Las fotos tomadas con smartphones pueden haber sido corregidas y procesadas mediante algoritmos.

En la era de la IA, ¿pueden las imágenes seguir considerándose un registro de la realidad?

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  • Categoría de la entrada:Análisis
  • Última modificación de la entrada:marzo 10, 2026

A menudo se dice «ver para creer», pero si volvemos a preguntarnos hoy: ¿pueden las fotos seguir considerándose un registro de la realidad?. La respuesta puede no ser tan sencilla como antes.

Cada vez más funciones fotográficas de los teléfonos móviles no se limitan a capturar imágenes. Con la participación de algoritmos e inteligencia artificial (IA), las imágenes pueden reconstruirse, completarse e incluso regenerarse. Ziv Atta, quien participó en el desarrollo del modo retrato del iPhone, señala que las cámaras de los teléfonos móviles actuales «son mucho más que simplemente registrar la luz captada por el sensor». El sistema utiliza algoritmos para inferir una escena más ideal y reconstruir la imagen. Para muchos usuarios, las fotos de sus álbumes son en realidad un resultado generado computacionalmente.

Desde la simple edición de fotos hasta los rasgos faciales ilusorios, los teléfonos móviles modernos determinan en gran medida cómo se presentan los recuerdos. Puede que nos guste el resultado final, pero podrían cambiar nuestra forma de ver el mundo.

Las cámaras de los teléfonos móviles ya no son solo dispositivos ópticos.

Este cambio desató un amplio debate público por primera vez debido a una fotografía de la luna.

En 2023, la controversia en torno a la capacidad de los teléfonos Samsung para «fotografiar la luna» se extendió rápidamente en internet. Un usuario de Reddit mostró una imagen muy borrosa de la luna en la pantalla de un ordenador y luego tomó una foto a distancia con un teléfono Samsung. La imagen, que inicialmente aparecía como simples puntos de luz borrosos, reveló texturas nítidas de cráteres lunares en la foto del teléfono. El medio tecnológico estadounidense Ars Technica informó que algunos fabricantes de teléfonos entrenan modelos de reconocimiento específicos en sus sistemas de imagen y, una vez detectada la luna, el sistema utiliza los datos para «mejorar los detalles».

Este descubrimiento desató rápidamente la controversia. Si estas texturas no estaban presentes en la imagen original, ¿la foto final estaba capturando la realidad o reconstruyéndola? Samsung respondió posteriormente que el teléfono no se limitaba a superponer imágenes predefinidas, sino que mejoraba la calidad de la imagen mediante síntesis multifotograma y tecnología de inteligencia artificial. Sin embargo, esta controversia concientizó al público por primera vez de que la cámara de un teléfono ya no es solo un dispositivo óptico, sino un sistema informático complejo.

Tecnologías similares son cada vez más comunes. Muchos teléfonos reconocen la escena durante la captura, procesando el cielo, las personas o los edificios por separado. Rafaul Manchuk, investigador de la Universidad de Cambridge especializado en investigación de imágenes, afirmó que las elecciones de algoritmos de diferentes fabricantes pueden generar diferentes efectos en la misma escena, de forma similar a como cada fotógrafo desarrolla su propio estilo visual.

Con el desarrollo de la IA generativa, esta diferencia se está ampliando aún más. Algunos teléfonos móviles ya pueden rellenar automáticamente los bordes de la imagen, reemplazar expresiones faciales e incluso recomponer las tomas. La línea entre captura, edición y generación se está difuminando gradualmente.

Memoria y estética «corregidas» por algoritmos.

El impacto de las imágenes generadas por IA puede no limitarse al nivel técnico.

Un estudio del MIT Media Lab descubrió que las personas son más propensas a formar recuerdos inexistentes al ver imágenes generadas por IA o claramente procesadas. Los investigadores pidieron a unos 200 participantes que vieran diferentes versiones de videos, algunos generados por IA. Los resultados mostraron que algunos participantes recordaban detalles que no aparecían en realidad. Los investigadores creen que las imágenes siempre han sido una clave importante para la memoria humana. Cuando las imágenes se optimizan automáticamente o incluso se generan parcialmente mediante algoritmos, lo que las personas retienen puede no ser el momento real, sino una versión procesada tecnológicamente.

Si los «falsos recuerdos» son una reconstrucción del pasado, entonces el retoque excesivo de imágenes por parte de algoritmos está alterando la percepción que las personas tienen de sí mismas en el presente. Cuando Google lanzó su nuevo teléfono en 2020, anunció en su blog oficial que la función de «belleza» de la cámara estaría desactivada por defecto. Una investigación interna de Google descubrió que cuando los usuarios ven fotos modificadas algorítmicamente sin su conocimiento, esto puede afectar negativamente su autoimagen y conducir gradualmente a estándares estéticos poco realistas.

Según CNN, algunos psicólogos han observado que la exposición prolongada a rostros filtrados o retocados algorítmicamente puede exacerbar la ansiedad por la apariencia. En algunos casos, este fenómeno se relaciona con un problema psicológico llamado «trastorno dismórfico corporal». Los pacientes se centran repetidamente en pequeñas imperfecciones de su apariencia, y la «imagen perfecta», cada vez más irreal, puede reforzar esta ansiedad.

¿Cómo debería la humanidad afrontar un mundo «más perfecto»?.

La fotografía nunca ha estado completamente separada de la tecnología desde sus inicios. La exposición, el revelado y la impresión en la era del cine también alteraron el efecto de las fotografías. Por lo tanto, algunos académicos creen que la IA no debe verse como una desviación total de la realidad. El verdadero cambio radica en la escala. Hoy en día, los teléfonos inteligentes se han convertido en la principal herramienta fotográfica del mundo, y casi todas las fotos de estos teléfonos se procesan mediante algoritmos. La gran mayoría de las imágenes que vemos a diario son, en realidad, el resultado de la colaboración entre humanos y máquinas.

Para la mayoría de los usuarios, este cambio supone una evidente comodidad. Las escenas nocturnas son más brillantes, los retratos más nítidos y las fotos de grupo pueden seleccionar automáticamente las mejores expresiones. The Verge informó que la función de «mejor composición» de algunos teléfonos incluso selecciona las mejores expresiones y poses de varias fotos para crear una imagen compuesta que nunca apareció en la realidad.

La revista Wired informó que, ante la intervención generalizada de algoritmos en las imágenes, algunos aficionados a la fotografía han comenzado a intentar preservar las «imágenes originales» para comprender de forma más intuitiva el procesamiento que el teléfono ha realizado en segundo plano. Han empezado a usar dos teléfonos para tomar fotos: uno que optimiza automáticamente y otro que guarda la versión más original de la foto. Este enfoque permite a los usuarios ver con mayor claridad los cambios que el algoritmo realiza en la imagen y también recuerda el impacto de la tecnología en la percepción visual.

En el Festival Internacional de Fotografía de Arlés de 2025, algunos fotógrafos mostraron comparaciones entre fotos optimizadas con IA y fotos sin procesar. El periódico francés Le Monde informó que, si bien las fotos procesadas con IA son «más perfectas», cierta iluminación y texturas se suavizan o remodelan, alterando el realismo de la imagen. Esto ha llevado a fotógrafos y espectadores a cuestionarse si apreciamos la realidad o la versión procesada algorítmicamente.

En el mundo actual, donde los algoritmos dominan cada vez más nuestra experiencia visual, aún podemos activar habitualmente diversas funciones de optimización. Sin embargo, en ciertos momentos cruciales, necesitamos desactivar los filtros y capturar una foto que, aunque con ruido y una iluminación imperfecta, sea innegablemente auténtica. No se trata de conseguir «me gusta» en redes sociales, sino de preservar un registro inalterado del mundo real.