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Anthropic, la creadora de la IA Claude, ha declarado gastos de lobby federal por valor de 1,56 millones de dólares estadounidenses, al tiempo que insta a Estados Unidos a establecer una ventaja de entre 12 y 24 meses en el ámbito de la inteligencia artificial de vanguardia.

Las empresas estadounidenses de IA quieren tenerlo todo: limitar a China y lucrarse con ella

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  • Categoría de la entrada:Resto del Mundo
  • Última modificación de la entrada:mayo 29, 2026

El hecho de que Anthropic y otras firmas de IA de EE.UU. presionen para endurecer los controles sobre China, al tiempo que cortejan a los mercados adyacentes a ella, demuestra que están cubriendo sus apuestas.

OpenAI no ofrece oficialmente sus servicios en la China continental, Hong Kong ni Macao; sin embargo, está contratando ingenieros de experiencia para desarrolladores que hablen mandarín en Singapur. El 14 de mayo —el mismo día en que el presidente de EE.UU., Donald Trump, se reunió con el presidente Xi Jinping en Beijing—, Anthropic publicó un documento de política en el que argumentaba que Estados Unidos y sus aliados deben asegurar una ventaja de entre 12 y 24 meses en inteligencia artificial (IA) de vanguardia para el año 2028, con el fin de evitar un «liderazgo autoritario en IA».

En ese mismo trimestre, Anthropic declaró gastos de lobby federal por un total de 1,56 millones de dólares estadounidenses, lo que representa un aumento interanual del 333 por ciento; entre los temas enumerados figuraban los «controles a la exportación» y la «IA y la seguridad nacional».

En conjunto, estos hechos revelan una industria cuya postura declarada y cuyo comportamiento manifiesto discurren en direcciones opuestas. Las empresas estadounidenses de IA abogan por controles más estrictos sobre China, al tiempo que se posicionan en mercados adyacentes a ella, mercados que precisamente podrían verse restringidos por dichos controles. Presentan a China como una amenaza estratégica, mientras contratan personal para construir los ecosistemas lingüísticos y de desarrolladores a los que, oficialmente, no pueden prestar servicio.

Esta contradicción no es una mera incoherencia corporativa; es la fisonomía de una industria atrapada entre dos contiendas en el ámbito de la IA, contiendas que recompensan comportamientos diametralmente opuestos.

La primera de estas contiendas gira en torno a la capacidad de vanguardia: quién construye los modelos más potentes y quién controla la capacidad de cómputo necesaria para crearlos. El memorando de Anthropic articula precisamente esta lógica. La capacidad de cómputo constituye el insumo dominante. Estados Unidos mantiene aún la delantera, y esta ventaja podría potenciarse, dado que unos modelos más robustos contribuyen a desarrollar sucesores más sólidos. La receta consiste en controles de exportación más estrictos, un acceso más restringido a los sistemas estadounidenses y una adopción más acelerada por parte de los aliados.

En esta contienda, la IA constituye un activo estratégico cuyo valor reside en su escasez. Este planteamiento se sustenta en una teoría del liderazgo tecnológico: la idea de que una ventaja inicial puede defenderse durante el tiempo suficiente como para consolidar estándares, alianzas y normas institucionales.